Este fin de semana se realizó la 42 edición de la famosa maratón de París, patrocinada por la Schneider Electric, en un recorrido por las más importantes vías de la capital de Francia, cuya salida se dio en la mítica avenida de los Campos Elíseos hasta la avenida Foch, muy cerca del monumento Arco de Triunfo

Este domingo me tocó vivir la maratón de París desde afuera, desde el público, lo cual no hacía desde años, pero por una lesión y aprovechando un viaje familiar coincidí con esta prestigiosa carrera. La salida se dio a las 8:25 a.m. con una innovación, al darse salidas por grupos y con intervalos de 10 minutos de acuerdo a sus tiempos.

En el caso de las mujeres élite, se les dio la salida con 16 minutos y 26 segundos de anticipación sobre los hombres, dándole así un poco más de emoción a la carrera. Al llegar a los Campos Elíseos, uno observa la cantidad de gente calentando, caminando de un lado a otros, unos asustados por no llegar a tiempo, otros apurados por encontrar un buen puesto en la parrilla de salida, muchos buscando un baño.

Gran cantidad de familiares y amigos que se levantaron temprano a desearle éxito y suerte a los corredores, niños con pancartas, globos, pitos. Uno camina entre tanta gente y hay una buena vibra, una sensación que pone eufórico. Sorprende la cantidad de ropa abandonada por los corredores, que son recogidas por empleados de la organización para ser donadas, mientras se observa gente necesitada buscando la manera de llevársela también a través de la cerca.

Maratón de Paris 2018 2
Gran cantidad de familiares y amigos que se levantaron temprano a desearle éxito y suerte a los corredores, niños con pancartas, globos, pitos

 

Se dio la salida, y por supuesto el batallón de keniatas y etíopes salieron en búsqueda de un nuevo triunfo, Paul Lonyagata, keniata ganador del año 2017, nuevamente se encuentra luchando por repetir, pero los demás corredores tratarán de impedirlo, luego continúan saliendo los grupos y cada cierto tiempo, parece que no se acaban nunca los corredores, uno mira hacia el arco de triunfo y siguen llegando atletas, unos totalmente distraídos otros pensando que están retrasados, siguen las colas en los baños que dispone la organización y pienso porqué tanta gente con esa necesidad pero es que son 55000 corredores y no hay tantos baños.

Decido ir al km 27 que pasaba a unas 7 cuadras de la salida en su recorrido de regreso, me apuro y logro asomarme, y como es costumbre, el pelotón de keniatas y etíopes al frente en un número de 20, y una que otra nacionalidad tratando de acompañarlos, de ahí a correr otra vez para poder llegar a la meta y gana Paul Lonyangata en 2h06 minutos y 10 segundos seguido por otros dos keniatas Mathew Kisorio y Ernest Ngeno, mientras el público delira, los familiares: novios, novias, hermanos, hermanas, padres, madres, hijos, etc. Todos Pendientes de la llegada de su corredor, la tecnología ayuda y la organización implementó un chip que transmite en tiempo real a la página web la ubicación exacta del corredor y el tiempo que lleva en ese momento.

Es impresionante ver la felicidad con la que cada familia recibe a su héroe, mientras la organización se vanagloria de ser el único maratón en el mundo con la mayor cantidad de corredores que terminan por debajo de las 3 horas, todo un récord Guinness. En la categoría femenina los dos primeros lugares se los llevan dos compatriotas keniatas: Betsy Saina en 2h 22 minutos y 56 segundos y Ruth Chepngetich, seguidas de la etíope Gulume Chala.

Un río humano de corredores van llegando, unos al límite de sus fuerzas, casi desvaneciéndose, otros sobrados de fuerza, brincando, riendo, llorando, alzan los brazos, el público los retribuye con gritos y aplausos, cada quien es su propio héroe y tendrá una historia que contar. Al final me fui con la alegría de haber visto un major, pero con la tristeza de no haber participado y con la promesa de que al recuperarme de la lesión, me preparé lo suficiente para poder estar ahí en el 2019.