Cuando me dijeron que tenía cáncer lo primero que dije fue: vale, y ahora ¿qué tenemos que hacer? Yo quería empezar y terminar cuanto antes….

Pero la situación cambió cuando me dijeron que el tumor era tan grande que la mejor opción era quitar el pecho… Porque no era solamente el pecho… Los ganglios también estaban afectados… Por suerte me lo pudieron reconstruir en la misma cirugía, cogiendo un trozo del músculo dorsal y ponerlo en el pectoral.

Bueno, ¿no está tan mal no? Pero llega el momento en el que has de volver a enseñar a mover el brazo (encima el derecho). Sí, sí, ¡ENSEÑAR! A pesar del dolor, cada día me esforzaba en intentar subir el brazo un poquito más, y ahí me di cuenta… ¿Balonmano? Llevaba 20 años de mi vida jugando, y no podía imaginar que ya no iba a poder volver a jugar. He de reconocer que aquí fue el primer momento en el que me sentí ganada por una enfermedad de la que se supone ya casi estaba curada…

No imaginaba mi vida sin deporte. Y, a parte del brazo, por los diferentes tratamientos, empezaron los dolores de espalda y articulaciones. No puede ser, Laura –me dije– tienes 27 años, y una vida por delante. Así que empecé a probar todos los deportes que podía hacer (siempre que no forzase el brazo). Pero seguía sintiéndome débil… No podía quedarme sin brazo derecho… Así que poco a poco empecé a hacer pesas, incrementando el peso poco a poco, natación, bici…

He de decir que nunca tuve linfedema, he tenido la suerte de que, solamente con los ejercicios que me mandaron después de operarme, conseguí mantener mi brazo perfecto. Aun así nada me motivaba, ¡quería mi balonmano! Una buena amiga me recomendó probar algo que no había escuchado nunca: ¡Paleotraining! No tenía ni idea de lo que me hablaba, pero no perdía nada por intentarlo…

Este tipo de entrenamiento es un entrenamiento funcional que se basa en realizar las funciones principales del ser humano, saltar, correr, empujar, arrastrar… Pero a alto rendimiento.

Al principio estaba muy limitada, y muchos ejercicios no podía hacerlos… Es imposible que me suba en una barra, el brazo no me deja; no puedo subir ese peso, el brazo no me deja; ¿empujar? ¡Qué va, el brazo no me deja! Eran algunas de las frases que rondaban mi cabeza mientras entrenaba…

Tú nunca has sido así —me decía al terminar el entreno– siempre has dado el máximo de ti, y has intentado superarte día a día ¡ahora no va a ser menos!

Deporte y cáncer

Seis meses después me siento casi completa, he conseguido hacer los mismos ejercicios que la gente de la sala, siempre ajustando los pesos. Pensaba que nunca volvería a hacer 10 flexiones completas, o levantar más de 2kg, pero lo estoy consiguiendo. Es cierto que nunca habrá nada que sustituya el balonmano, pues para mí era mi estilo de vida… Pero la verdad, cuando estoy entrenando me siento casi tan motivada como cuando entrenaba con mis compañeras de equipo. Gracias a haber recuperado la fuerza (aunque ni la mitad de la que tenía…), he podido jugar en plan “pachanga” a un par de partidos amistosos, cosa que nunca pude imaginar después de quitarme una parte de mi cuerpo. Mi pecho.

Está claro, no hay nada imposible en esta vida, lo importante es saber que con esfuerzo se consigue. Animo a todas las chicas que les guste el deporte a que no se rindan…

¡¡SE PUEDE!!

Solamente hace falta descubrir qué es lo que nos motiva y ¡luchar por conseguir nuestras metas!

Artículo original: Cáncer en la mochila de psicooncologiaonline