Lo más difícil cuando uno decide correr bajo la lluvia es pensar en que se va a mojar.

Son pocas las probabilidades de que una carrera sea cancelada debido a la lluvia, así que mejor es estar preparado, recuerda que TODO SE ENTRENA.

LA INDUMENTARIA

No hay razones para que dejes de salir cuando llueve más allá del sentido común.

La vestimenta que lleves tendrá que ser elegida en función de la duración de tu sesión de entrenamiento prevista y de la intensidad de la lluvia.

Si llueve de manera continua, procura:

– Llevar un gorra para que las gotas que podrían caer de tu frente no entorpezcan tu visibilidad.

– Llevar un cortaviento impermeable pero transpirable.

– Proteger las zonas expuestas a las rozaduras, puedes utilizar vaselina. El agua hace que la ropa pese más y por consiguiente la convierte en fuente de irritaciones.

– Elige un calzado con agarre para evitar resbalar.

¿Ya te mojaste, y qué?

Una vez mojados el gesto deportivo se hace tan natural como cuando estamos secos y de seguro te sorprenderás de lo mucho que disfrutarás corriendo de esta manera. Sin embargo es conveniente modificar la técnica de carrera para incrementar la seguridad. Una de las claves reside en reducir la longitud de zancada para mejorar la estabilidad en cada paso. Es aconsejable que las manos vayan libres en todo momento y que no llevemos ningún material en ellas, para que la reacción ante una posible caída sea de apoyarlas y reducir el impacto. Es posible que el simple chaparrón del principio de la sesión se transforme de pronto en un diluvio o peor, en una tormenta. Si corres en medio del campo y te sorprende la tormenta, lo mejor será encontrar un refugio.

EL POST ENTRENAMIENTO

Es importante tener sentido común y quitarse la ropa lo antes posible para evitar que la piel macere dentro de las prendas mojadas. Cuida de tus pies y de tus zapatillas (en este orden).

Verifica que no te haya aparecido ninguna ampolla: la lluvia puede haber ablandado tus tejidos activando la aparición de pequeñas lesiones. En cuanto a las zapatillas: quita la plantilla para que se seque por separado.

La acumulación de humedad puede ser el origen de olores. Un viejo truco consiste en rellenar la zapatilla con papel de periódico con el fin de acelerar el secado.

¡Que la lluvia no te detenga!

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