El ácido láctico no existe solamente para complicarnos la vida, siempre lo culpamos por los dolores molestos luego del entrenamiento intenso o de una competencia, pero no es el villano que todos imaginamos.

Nuestro cuerpo produce ácido láctico en todo momento, y no únicamente cuando estamos corriendo. Como resultado de la importante misión de transportar el oxígeno hacia las células con el fin de producir energía, los glóbulos rojos deben producir también el ácido láctico – fácilmente absorbido por el organismo en estado de reposo.

Durante el reposo, o en actividades leves/moderadas, el bicarbonato de sodio presente en nuestro cuerpo es el responsable de mantener el equilibrio, ya que neutraliza con facilidad la acumulación de Ion Hidrógeno, resultante de la producción de energía. Sin embargo, por ser limitado, cuando se realiza una actividad extenuante, como una carrera de alta intensidad, el cuerpo ya no es capaz de neutralizar ese ácido.

umbral de lactato ácido láctico
El lactato sanguíneo se incrementa notoriamente porque el deportista no puede eliminar el lactato del músculo tan rápidamente como se produce, así, produciéndose el umbral láctico. Cuando esto se representa sobre una gráfica, se observa un considerable aumento en el nivel de lactato sanguíneo del deportista.

A medida que aumenta la intensidad del ejercicio nuestro cuerpo comienza a utilizar diferentes fuentes de energía (es así como alcanza el umbral anaeróbico*). Si antes prefería usar la grasa, ahora exige glucosa (carbohidratos) en una mayor escala. Sin embargo, la glucosa está en nuestro organismo en menor escala. Para no terminar con el stock, aparece la fatiga, que le pide al cuerpo disminuir el ritmo. En ese momento, el ácido láctico comienza a soltarse, ya que es uno de los “subproductos” del consumo de glucosa como energía.

Cuando la cantidad de Bicarbonato de Sodio que metaboliza el ácido láctico comienza a disminuir, el cuerpo entra en acidosis metabólica, lo que perjudica la contracción muscular y limita la duración del ejercicio, presentando síntomas de fatiga. Esto sucede porque la energía se forma y se consume a una velocidad mucho mayor de lo que se puede mantener en una fase estable.

El ácido láctico no es el malo de la película

Las células musculares lo utilizan como energía, el hígado lo transforma en glucosa y también el corazón, aunque en menor escala, lo transforma en energía. El lactato nos da aquella manito final para continuar corriendo a pesar de la acidosis metabólica.

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El ácido láctico proviene de la descomposición de glucosa cuando no hay presente oxígeno, es decir, en un ejercicio anaeróbico donde hay mucha intensidad y poca duración. En condiciones de entrenamiento menos intensas no hay problemas de acumulación del ácido láctico porque al cuerpo le da tiempo a reutilizarlo para que actúe como fuente de energía momentánea.

El lado oscuro:

El lactato se transforma en energía. Ahora bien, el ácido H+ está ahí, circulando en la corriente sanguínea, y debe contenerse. Para eso se une al bicarbonato de sodio, que termina transformándolo en agua y gas carbónico. Pero cuando la reserva de bicarbonato de sodio escasea, el ácido se libera por la corriente sanguínea, causando ese dolor que todo corredor que desafió sus límites, conoce.

(*) Umbral anaeróbico: carga máxima que es posible soportar en un ejercicio, sin producción excesiva de ácido láctico.

 

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